Equipo Jurídico Pueblos

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martes, 21 de julio de 2015

¿PARA QUÉ SIRVE LA EXTRADICIÓN EN COLOMBIA?

El imperialismo capitalista se proclama defensor de la libertad mientras va encadenando a todos los pueblos que de buena o de mala fe tienen que aceptar sus inapelables exigencias

Eva Perón

Entre los principios de la “cooperación internacional” se encuentran la igualdad, la reciprocidad y el respeto a la soberanía. Para aplicar esta forma de cooperación, han sido creados diversos mecanismos que buscan fortalecer la paz, la justicia y la seguridad a nivel nacional e internacional. Uno de estos mecanismos es la extradición. De acuerdo con la Corte Constitucional, esta figura jurídica busca “impedir que una persona que ha cometido un delito en el exterior burle la acción de la justicia, refugiándose en un país distinto de aquel en el que se cometió el delito”[1]. Sin embargo, cuando se mira de cerca, la extradición no deja de despertar sospechas, máxime cuando el contexto internacional pone en evidencia una profunda desigualdad y un elevado desprecio por la soberanía y la autodeterminación de los pueblos.

Para algunos la extradición es un mecanismo neutral y efectivo para combatir el narcotráfico y llenar los vacíos que tiene nuestro sistema judicial. Para otros, por el contrario, es un mecanismo de represión e impunidad que no ha logrado desmontar el narcotráfico ni solucionar los problemas que el país tiene en materia de impunidad y justicia. Por esta razón, resulta necesario ponerla en contexto.

La extradición: eje central de la política antidrogas

El uso de la extradición, que se aplica principalmente con los Estados Unidos, es una de las tácticas implementadas por el Plan Colombia, el cual ha incidido, significativamente, en el sistema carcelario y la política criminal de Colombia. Un estudio publicado por la revista de la Universidad de los Andes,Colombia Internacional, afirma que si el Plan Colombia, inicialmente proyectado por cinco años, no ha logrado cumplir con éxito sus objetivos principales, no ha sido por falta de tiempo, sino porque sus estrategias están atravesadas “por luchas de poder, reinterpretaciones y acomodamientos”[2]. Luego de hacer un balance sobre los objetivos estratégicos del Plan Colombia el estudio concluye con una pregunta clave: “¿Es sólo cuestión de más tiempo y de mayores recursos para que el Plan Colombia alcance los objetivos planteados y en últimas se logre la pacificación del país?”[3].

Hoy en día, el país continúa ocupando los primeros lugares de producción de cocaína en el mundo[4]. De acuerdo con el informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, “Colombia: Monitoreo de cultivos de Coca 2014”, la producción potencial de cocaína “pasó de 290 TM a 442 TM en 2014”, lo que representa un incremento del 52,7%[5].

En todo caso, y a pesar de la poca efectividad que ha tenido para combatir el tráfico y el consumo de drogas, el Plan Colombia ha servido, exitosamente, para reconfigurar la realidad nacional y así intensificar su intervención en el hemisferio sur, profundizando la guerra y agravando la ya deteriorada situación de derechos humanos en Colombia y América Latina[6].

La extradición como mecanismo de impunidad

Dentro del acomodamiento de la política exterior colombiana a los intereses geopolíticos de los Estados Unidos, la extradición tiene una función estratégica para desvirtuar el conflicto armado que vive el país y aplicar con más severidad las formulas guerreristas.

No son pocos los casos en los que la extradición se ha convertido en un mecanismo para mostrar resultados de la lucha contra el narcotráfico a costa de personas inocentes. El 18 de marzo de 2014 el Gaula del Ejército, junto con el CTI, capturó a Ariel Josué Martínez, conocido también como el carpintero, solicitado por las autoridades estadounidenses por el delito de lavado de activos. Luego de tres meses de investigación se identificaron errores y su solicitud de extradición fue retirada[7]. El caso del carpintero no es el único, y son ya varias las personas extraditadas injustamente sin suficiente material probatorio y sin la posibilidad de controvertir las evidencias que sobre ellos recaen[8].

Por otro lado, la extradición se ha aplicado como un mecanismo que favorece la impunidad. La extradición de los 15 jefes paramilitares en mayo de 2008, por orden del entonces presidente Álvaro Uribe Vélez, generó muchas preguntas sobre los impactos que esta figura podría tener en las víctimas del conflicto armado. Justo cuando empezaba a revelarse información importante sobre los crímenes cometidos por grupos paramilitares y la identidad de sus principales promotores, desaparecen de la justicia colombiana los principales jefes paramilitares. Como afirmó Salvatore Mancuso en una entrevista con la Revista Cambio, “Conmigo extraditan la verdad”[9].

Esto demuestra que la improvisación con que se aplica la extradición en Colombia no responde, únicamente, a la incapacidad técnica del Estado, sino a una clara intención política de los sectores dominantes por reconfigurar y defender los dispositivos de poder que han utilizado para prolongar el control social, político y económico en el país.

¿Cooperación o intervención?

Durante el periodo 2012-2014 se aprobaron, en Colombia, 2.104 extradiciones[10]. De estas, 1.748 fueron requeridas por los Estados Unidos, mientras que las extradiciones por parte del Estado colombiano a ese país no llegan a 5[11]. Esto no quiere decir que en Colombia sean mínimos los crímenes cometidos por ciudadanos estadounidenses. Lo que refleja es la desigualdad, la poca reciprocidad y la constante violación a la soberanía nacional como producto, no de la cooperación internacional, sino de la intervención imperialista de países como Estados Unidos.

El número de crímenes cometidos por las multinacionales estadounidenses en Colombia ha sido permanente y nunca han sido reconocidos por la justicia colombiana ni por la justicia estadounidense. La extradición es una estrategia política para prolongar la dependencia de países que, como Colombia, son pieza clave para su expansión económica. De allí que la lucha contra el narcotráfico haya sido también un instrumento de pacificación para reprimir a las organizaciones insurgentes, despolitizar el delito político y obstaculizar el camino hacia la solución política.

Por la soberanía, no a la extradición

Para terminar, es importante destacar el rechazo, cada vez mayor, contra la extradición. Familiares de personas extraditadas, ONG`s de derechos humanos, tanto a nivel nacional como internacional, así como políticos de oposición y sectores del movimiento social, están denunciando las arbitrariedades con que se aplica este mecanismo, los impactos que tiene sobre la víctimas y los obstáculos que representa para la paz en Colombia y la soberanía.

No se trata, por supuesto, de negar la posibilidad de la cooperación entre países sino, por el contrario, de enfatizar en que las relaciones internacionales deben promover la soberanía de las naciones, su autodeterminación y el respeto por los derechos humanos, así como el ejercicio propio de la justicia, sin desconocer los imperativos ético-políticos a que puedan dar lugar situaciones que violen el derecho internacional. Solo sobre la base de estas condiciones es posible avanzar en la superación del conflicto armado colombiano.

Autor: Nicolás Jiménez Iguarán



[1] Corte constitucional. Sentencia C-1106 de 2000.
[2] Rojas Diana Marcela, “Plan Colombia II: ¿más de lo mismo?”, Colombia Internacional, 65 (Enero-Junio de 2007) Páginas 14-37.
[3] Ibídem.
[4] En InSightCrime, “¿Colombia vuelve a ser el principal productor mundial de cocaína?” (7 de mayo de 2015). Recuperado de: http://es.insightcrime.org/analisis/colombia-vuelve-principal-productor-cocaina
[5] “Colombia: Monitoreo de cultivos de Coca 2014” Informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Julio 2015). p. 13.
[6] Petras, J. “La geopolítica del Plan Colombia” (22 de febrero de 2001). Recuperado de:http://www.rebelion.org/hemeroteca/petras/geopolitica220201.htm
[7] En El Tiempo, “La historia inédita del carpintero que casi termina extraditado”(14 de septiembre de 2014). Recuperado de: http://www.eltiempo.com/politica/justicia/ariel-josue-martinez-el-carpintero-que-se-salvo-de-ser-extraditado/14529977
[8] Guarnizo, J. Extraditados por error. Bogotá. Editorial Planeta, 2014.
[9] En El Tiempo, “'Conmigo extraditaron la verdad': Salvatore Mancuso en entrevista exclusiva” (27 de mayo de 2009). Recuperado de: http://www.eltiempo.com/archivo/documento-2013/CMS-5289247
[10] Información suministrada por el Ministerio de Justicia al Comité de Solidaridad con los Presos Políticos.
[11] “La extradición en Colombia: Instrumento represivo y mecanismo de impunidad” (2015). Informe en construcción por el Comité de Solidaridad con los Presos Políticos. 

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