Equipo Jurídico Pueblos

Equipo Jurídico Pueblos

lunes, 20 de abril de 2015

COLOMBIA, LA DEMOCRACIA Y LA CUESTIÓN KURDA

El complejo tema del pueblo kurdo es lejano para la mayoría de colombianos y también lo es para muchos integrantes del campo popular, a duras penas se sabe que son la mayor nación en el mundo sin su propio Estado.  Sin embargo, un poco de atención a lo que está sucediendo por esas latitudes podría dejar enseñanzas valiosas a las mujeres y hombres que trabajan por una Colombia mejor y el otro mundo posible.

Como puede recordarse, hasta la Primera Guerra Mundial el Medio Oriente estuvo bajo la égida del Imperio Otomano, que a la postre resultó derrotado en ese conflicto.  Las potencias ganadoras se repartieron el Medio Oriente desde el acuerdo secreto de Sykes-Picot y posteriormente se firmó el Tratado de Sèvres en 1920, en el cual se accede a la independencia de las regiones kurdas.  Sin embargo, ese instrumento no tuvo aplicación material y en 1923 fue reemplazado por el Tratado de Lausana, donde firmó la flamante República de Turquía y se reversaron las promesas hechas al pueblo kurdo, que resultó sin Estado, sin reconocimiento y sin autonomía.  En virtud de esa repartición del Medio Oriente, hoy en día los kurdos se ubican en jurisdicción de cuatro Estados diferentes: el sudeste de Turquía, el norte de Siria, el norte de Irak y el occidente de Irán. 

Para los kurdos la lucha por su madre patria nunca paró, de esa manera han conseguido avances y niveles de autonomía que en algunos casos se podrían calificar como independencia de facto.  Sin embargo, en los últimos meses ha irrumpido en la escena internacional un proyecto político de avanzada y democrático, se llama Rojava y se ubica al norte de Siria, que sería el mismo occidente del Kurdistán.

Los Cantones de Rojava, nombre oficial según la constitución de noviembre de 2013, declararon su Autonomía Democrática en enero de 2014 y desde entonces se han constituido en un remanso de progreso y democracia en medio de una región signada por regímenes autoritarios, creencias religiones de carácter reaccionario y el dominio de poderes imperialistas en la región.  Desde entonces es impresionante cómo se ha convertido en una bolsa de estabilidad en medio de una guerra civil tan sangrienta como la de Siria, en los tres cantones que componen a Rojava se habla de construir y no de bombardear.

Sin embargo, la guerra civil de Siria tocó a sus puertas, esto muy a pesar de que los kurdos no estaban ni con régimen de Assad ni con la variopinta oposición que se le enfrenta, lo que sí habían dejado perfectamente claro es que iban a defender su tierra contra cualquier atacante.  Fue así como el mundo entero supo de la Batalla de Kobane y se impresionó con las combatientes kurdas que sembraban el terror entre los fundamentalistas del Estado Islámico que trataban de tomar su tierra y esclavizar a su gente.  El Estado Islámico hace parte de las distintas organizaciones que se enfrenta al régimen de Assad y esas mujeres hacer parte de las Unidades Femeninas de Protección, YPJ por sus iniciales en kurdo, que  a su vez hacen parte de las Unidades de Protección Popular o YPG; estas milicias fueron las únicas que frenaron el avance relámpago del Estado Islámico que actualmente controla grandes porciones de Irak y Siria.

Kobane tenía 400.000 mil habitantes al iniciar la batalla en septiembre de 2014, la misma alcanzó tal encarnizamiento y tal importancia que se llegó a comparar con el Stalingrado del Estado Islámico. Ha de aclararse que la ciudad de Kobane es la capital de uno de los tres cantones que conforman Rojava, allí los kurdos del YPG soportaron solos el furioso embate inicial, ello les compró el tiempo suficiente para comunicarle al mundo lo que allí pasaba y generar solidaridad en los cinco continentes y respaldo de la comunidad internacional.  Fue así como poco a poco cambió la marea y la batalla se dio por terminada en marzo de 2015, con una trepidante pero costosa victoria para los kurdos y la humanidad entera.

No obstante, lo más importante de la victoria va más allá de la propaganda, de las acciones heroicas y del recuento de bajas y daños; lo más importante es que se salvó un proceso de cambios digno de observar.  Para comenzar se recuerda que se promulgó una constitución, la misma lleva por título Contrato Social de los Cantones de Rojava en Siria.  Esa carta política se enmarca dentro de la tendencia denominada Constitucionalismo Democrático, la más avanzada en el marco del derecho comparado.  Unos casos muy distintos son los de Turquía, Irán, Siria, Irak y el Gobierno Regional del Kurdistán, que es la parte kurda de Irak.

La Constitución de Siria es un tinglado hecho a la medida de la dictadura de Bashar Al Assad, quien heredó el puesto de su padre.  Desde el estallido de la Guerra Civil en ese país, en 2011, se han dado algunas reformas con el objeto de democratizar el régimen, pero han sido marginales o inaplicadas. La Constitución de Irak, fue redactada en 2005 con la bota de los Estados Unidos en el cuello, era de carácter transitorio pero ya es permanente, su principal falla es que se adhiere a la ley islámica y ha sido fuente de conflictos entre las minorías del país.  Por su parte, el Gobierno Regional del Kurdistán tiene un borrador de Constitución desde 2009, pero no ha entrado en vigor pues le falta surtir un referendo que se ve lejos en el panorama.  Turquía es formalmente una democracia, pero no reconoce a los kurdos, y por último está Irán un país sin separación entre la Iglesia y el Estado.

En contraposición a los casos anteriores, la constitución de Rojava cuenta con reconocimiento de derechos fundamentales, énfasis en la cuestión ambiental, separación de poderes, derecho a la autodeterminación de los pueblos, tribunal constitucional, y democracia directa y participativa.  Es una carta política inspirada en el antiimperialismo y antiautoritarismo, que no solo reconoce a los kurdos, sino que es inclusiva con los árabes, sirios, caldeos, arameos, chechenos, armenios, turcos, musulmanes, cristianos y yazidíes.

Pero más allá de lo formal y de la técnica constitucional, lo que se tiene es un pueblo que cuenta con un considerable campo de acción que se ha ganado en el papel y en el campo de batalla, así las cosas, la valía del proceso radica en el hecho de que las personas están aprovechando todo ese campo de actuación y han establecido Comunas, comités y colectivos que materializan la democracia directa, la autogestión y el poder popular; están reconstruyendo la región y la economía con un enfoque racional, ambientalista y planificado, están demostrando que es posible existir con otros y respetar los valores humanos, han surgido asambleas populares, un gobierno autónomo, acciones afirmativas por la igualdad de géneros y más.  Estos logros demuestran que la alternativa que exploran en Rojava es real y de ninguna manera se le puede tildar de impracticable o utópico.

Esto que se acaba de exponer es el quid del asunto y el punto de conexión con Colombia, donde también hay un pueblo históricamente olvidado y empobrecido que lucha por una vida mejor y que puede aprender cómo tomar las riendas de su propio destino mediante la construcción cotidiana de una nueva realidad, la transformación de sus condiciones materiales de vida y la configuración de un ordenamiento jurídico-legal contentivo de unos mínimos de democracia acordados por consenso en una sociedad donde los sectores populares sean hegemónicos.   

Solo resta agregar que así como en los intersticios de la sociedad feudal se presentó el largo proceso de gestación de la burguesía y el capitalismo, así mismo el actual sistema mundo incuba a la sociedad que reemplazará a la que hoy conocemos.  Rojava es un caso, pero están las fábricas autogestionadas en Argentina, las tierras recuperadas por el MST en Brasil, las Comunas en Venezuela, los avances en Cuba y el éxito de Syriza en Grecia que son otros ejemplos; en Colombia tenemos a un pueblo que transforma, autogobierna y mandata a través del Congreso de los Pueblos, de las Constituyentes por la Paz, de las Zonas Agroalimentarias, de las de Reserva Campesina, de los Resguardos indígenas, de los Territorios Colectivos y de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular.  Este pueblo consciente y actuante es internacionalista y apoya las luchas del pueblo kurdo, al tiempo que aprende de ellas y avanza en la construcción del otro mundo posible.


Autor: Miguel Ramos Jaimes, abogado, miembro del Equipo Jurídico Pueblos.

Miliciana kurda con la insignia de las YPJ

Milicianos de las YPG en Kobane, al final de la batalla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario